Días de cansancio

Han sido días de cansancio y hoy no es excepción. Ya no puedo más. Tengo una lista de cosas que me esperan y una larga de otras que no terminé. En este momento, solo quiero escribir y vaciar mi cabeza de tanta gente, proyectos, miseria, miedo, incertidumbre, amor, compromisos y cosas que la sociedad y mi más responsable “Yo” esperan de mi.

Quiero llorar. Sí, quiero hacerlo sin que nadie me pida explicaciones, pero sería un poco incomodo salir de este lugar y tener que responderle a la gente cuando me pregunte qué me pasa ¡No me pasa nada! al menos, nada que no tenga solución. Posiblemente no lo resista y use mis lentes de sol para disimularlo.

Mientras pienso en qué será lo demás que escribiré, mi tercera taza de café se enfría y el reloj se acerca más a la hora para cumplir cada pendiente. Mis ojos se llenan de lágrimas, han sido días demasiado agitados y llenos de incertidumbre… ¿días? años, diría yo. Un vago pensamiento me dice que debería de alejarme de tanto y acercarme más a mí, pero renuncié a mi tranquilidad hace mucho tiempo y, sinceramente, no dejaré que vuelva.

Me cansa el sistema, me cansa la tradición y me cansa hacer cosas porque así fueron establecidas. Me imagino un mundo loco donde no necesitamos desperdiciar la vida ganando dinero para sobrevivir, uno donde estudiar más de 12 horas diarias pegados de libros y documentos no te diga que mereces más que los demás; un mundo donde pueda dedicarle mi ser y mi vida a Dios sin la obligación de ir a un templo aunque muera del cansancio; un mundo donde pueda ver a todas las personas que quiero sin que una frontera y un papel me digan que no puedo hacerlo; uno donde no vea que la gente muere de hambre, que ancianos duermen en las calles y los jóvenes se pierden en maldad.
Podría tomar el camino fácil y decirle a Dios que cambie todo eso, que no entiendo porque Él, teniendo tanto poder, no hace que todo sea color de rosa… pero no lo culparé de un caos que nosotros mismos hemos formado y para el cual nos ha dado la capacidad y libertad de mejorar.

A eso me refiero con que no dejaré que mi tranquilidad regrese. Estoy cansada, sí, lo acepto, pero seguiré en pie mientras haya algo por que luchar, mientras haya una lagrima que evitar o una sonrisa que provocar. Ya mi cuarto café está frío, mi espalda sigue cansada, las lágrimas ya se fueron, el resto de responsabilidades siguen esperándome pero recordé porqué estoy haciendo todo lo hago y eso es más que suficiente para seguir este ajetreado camino.

Además, no seguiré sola.

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