Descubriendo la felicidad

Nacer, crecer, reproducirse y morir. ¿Será esa la principal tarea que todo humano debe llevar a cabo?, ¿será posible sobrevivir en un mundo tan complicado sin ningún objetivo que perseguir? Existe una razón a la que los individuos le atribuyen su existencia: tener felicidad.

Esta última expresión puede parecer muy sencilla gramaticalmente, pero encontrar su verdadero significado y alcanzarlo requiere un proceso largo y agotador. Muchas veces las personas se esfuerzan demasiado y lo único que logran es caer en un abismo de monotonía en su afán por ser felices.

Tanta  importancia ha adquirido este tema en los últimos años, que se ha desatado una ola de investigaciones que tratan de revelar los más poderosos secretos sobre este. Un claro ejemplo es el libro El viaje a la felicidad, escrito por Eduardo Punset. Como su título lo indica, dicho texto narra una serie de elementos sociales y emocionales que representan un paso hacia ese viaje incierto. Al recorrer cada frase de esta obra científica, la noción sobre el concepto que se le ha otorgado a la felicidad cambia profundamente. La simple alegría o el éxito que algunos obtienen no constituyen por sí mismos una meta alentadora; estos deben estar acompañados de diversos factores internos propios de la persona.

Cualquiera pensaría que todo el dinero del mundo, salud perfecta y las cosas que se desean son suficientes, pero al poseerlos resulta que no reflejan la satisfacción que se esperaba y hay algo más que se necesita. Es en ese momento, donde comienza la búsqueda desesperada de eso que falta para poder ser feliz.

Es justo ese pensamiento el que encierra a los hombres en un círculo sin salida. Decir que alguien quiere buscar para tener es el principal error que se comete. Se podrán escudriñar miles de lugares, experimentar cientos de sensaciones y ganar una suma inimaginable de dinero y aún así, no se habrá llegado a la felicidad ansiada. Lo único que podría resultar sería un triste estado de depresión por esa sensación de insatisfacción constante.

Según un estudio mundial de Gallup[1], países como Dinamarca, Holanda y Costa Rica están entre los diez más felices del mundo. Esta misma investigación dio lugar a una observación esencial, y es que tanto Japón como Estados Unidos no aparecen en dicha lista, a pesar de contar con los mejores niveles de vida e ingresos económicos. La explicación a este suceso es  muy sencilla: tener lo que deseamos no es la base fundamental de la complacencia humana. Por ejemplo, los habitantes de Costa Rica, aunque no posean tanto poder   monetario, saben disfrutar y aprovechar aquello que ya tienen. La diferencia radica en que estos últimos le dan valor a las cosas desde una perspectiva interna y han descubierto, como diría Punset, que la felicidad puede brotar dentro de la persona y no del universo que  la rodea.

Una palabra clave es “descubrir”. Según la Real Academia Española, el significado de este término es “hallar lo que estaba ignorado o escondido”. Es decir, a diario no se toman en cuenta miles de detalles, se le da poca importancia a quienes forman parte de la vida cotidiana y no se valoran los objetos materiales que ya se conservan. Que estos elementos tengan valor depende del paradigma que se asuma con respecto a ellos, y este no es más que una manera de pensar y por consiguiente puede modificarse con un poco de voluntad. Reiterando lo mencionado antes, la felicidad proviene del interior del individuo.

Hay dos opciones, buscar la felicidad o descubrirla a partir de lo que ya se posee. La primera involucra una lucha sin fin que puede llegar a agotar hasta las mejores intenciones. La segunda, en cambio, requiere aceptar y estimar aquello de lo que ya se es dueño y las actividades que se efectúan normalmente, sin importar su valor monetario o los esfuerzos físicos y mentales que representen.

Sin lugar a dudas, la segunda elección es la que colocará a todos aquellos que la pongan en práctica en un umbral divisor entre la felicidad y la infelicidad y propiciará una mejor salud mental. Sin embargo, se deben destacar los posibles errores al interpretar esta sugerencia. Es decir, que a pesar de que sea la mejor forma para llegar a ese estado que tantos anhelan, esta puede generar algunos efectos negativos si no se aplica adecuadamente.

El mero hecho de descubrir implica esfuerzo y voluntad, no se debe confundir con el conformismo. Una persona extremadamente conforme no se preocupa por mejorar su nivel de vida y bienestar, si vive con este estilo siempre, caerá en una etapa de fastidio y pereza que originará serios problemas en el desarrollo humano[2].

Por lo tanto, como dice un adagio popular: “la felicidad esta a la vuelta de la esquina”. Lo único que se necesita es determinación y valorar aquello que está alrededor. Perderse en una búsqueda interminable de cosas materiales solamente desgastará la energía que se podría invertir en actividades que conlleven a un estado de complacencia y satisfacción. Antes de buscar afuera, es necesario escudriñar los factores internos que hagan posible que el universo valga la pena. 😀

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